Ciclo de conferencias y mesas redondas sobre la vinculación de la neurociencia, las artes escénicas y sus posibilidades.

Fecha:  
15 de agosto, 5 de septiembre, 3 de octubre y 21 de noviembre de 2018
Hora:  
12 h a 14 h
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Sesión I
15 de agosto 2018

INAUGURACIÓN: Ricardo Calderón y José Franco

De la neuroestética visual a la neurodanza
Charla: Francisco Gómez-Mon

Mesa redonda: Zenia Yébenes Escardo e Hilda Islas

Moderadora: Adriana Casas

                       

La neuroestética visual, la neurocinematografía, la neuromusicología, la neuropoesía, la neuroarquitectura y la naciente neurodanza (popularizada por Lawrence Parsons) comienzan a revelar la forma en que el cerebro percibe y construye el sentimiento subjetivo de belleza emocional, de belleza matemática (de acuerdo con la proporción áurea) y de la belleza de encontrarle sentido al devenir personal y del cosmos. El santo grial de esta búsqueda sería conocer y saber enseñar los procesos de creatividad humana, sean artísticos, científicos o tecnológicos. Las neuroimágenes resultantes de la tomografía de positrones y de la resonancia magnética han abierto un campo experimental dentro de las humanidades y las artes.

Hay dos vías visuales: la primera identifica caras, cuerpos, y cosas (e inspira, además, a la nueva inteligencia artificial con la conformación de redes neurales profundas); la segunda está relacionada con la autolocalización y localización de personas y objetos en el espacio. Ese “estar en el espacio como el corazón está en el cuerpo”, ha sido estudiado por artistas como el bailarín y teórico de la danza Rudolf von Laban, el poeta Paul Valéry, y por filósofos como Merleau-Ponty y Gaston Bachelard.

En el crisol de las neurohumanidades, la neuroestética logra vincularse con la neuroarquitectura, la neurociencia cultural, las neuromatemáticas y la neurorrobótica. La neuroestética visual abre caminos para resolver el enigma de la Mona Lisa, para conocer la fenomenología visual en los ataques de migraña, para apreciar la luminosidad de la pintura impresionista o puntillista, para pensar en la posible inteligibilidad matemática de los cuadros de Jackson Pollock, o en la relación de la turbulencia con los cielos estrellados de Van Gogh. Al mismo tiempo, la neuroestética plantea preguntas acerca de la localización en el cerebro del sentir la belleza matemática, de la relación entre la locura y la modernidad en el arte, del impacto que tiene como disciplina en la inteligencia artificial y en el desarrollo de redes neurales profundas.

Sesión II
5 de septiembre

Carnalidades y danzas butoh
Charlas: Evoé Sotelo y Cristina Mendoza

Mesa redonda: Aura Arreola, Teresa Carlos y Ximena González Grandón

Moderador: Jonathan Caudillo

Los procesos cognitivos relacionados con la creación coreográfica son complejísimos y tendremos dos presentaciones que lo abordarán desde puntos de vista personales, introspectivos y subjetivos. En el futuro las neurociencias quizá tendrán algo que decir al respecto. En los experimentos con roedores ha habido avances en la forma de monitorear sus posiciones en el espacio, y los responsables de dichos estudios recibieron un Premio Nobel de Medicina recientemente. La neurodanza y la futura neurocoreografía podrían enriquecerse de los estudios de percepción del espacio que se realizan dentro del campo de la neuroarquitectura.

No debemos olvidarlo: no todo en el arte es belleza. El coreógrafo japonés Tatsumi Hijikata nos enseñó a encarnar imágenes, a veces terroríficas, y a provocar movimientos a partir de evocaciones sensoriales, apuntando a la existencia de un espacio borroso entre memoria visual y memoria emocional, que tal vez involucre circuitos cerebrales de la mismidad, a la red de neuronas en espejo, a las ínsulas y al “default mode network”; en suma, a la red de la imaginación vinculada con la creatividad.

Danzas butoh, oleajes temporales fluctuando, la carne vital conectada, dispuesta y vacía. Una codificación, una poética, un instante de ser mirado y mostrar en infinitos espejos que se autorreflejan; una hiperconexión con el entorno, una compleja criticalidad en la red enactiva que incluye al público en ceremonias neochamánicas. Danzas butoh, estados de consciencia que fluyen por los nervios a todo el cuerpo y que a través de la propiocepción se retroalimentan con información “*bottom-up*” proveniente de la carnalidad. Bailarines de butoh aprendiendo con Ko Murobushi, pájaro imaginario y carnal, al oscilar andrógino hombre/mujer, más allá y más acá de la diferenciación sexual.

Danzas butoh que estimulan la sensación, la imaginación, la memoria y la concentración multimodal. La carne, en sus anabolismos y catabolismos, se dispone a disolver fronteras entre lo interior y lo exterior, entre lo individual y lo colectivo, entre lo humano y lo no humano. Se trata de un desdoblamiento y de una reunificación del yo. Muerte y resurrección, vidas humanas novedosas protestando la monstruosa era post-Nagasaki.

Sesión III
3 de octubre

Emociones, músicas y cerebros
Charla: José Luis Díaz Gómez

Mesa redonda: Joseline Vega Osornio, Cinthya García Leyva y Andrés Franco Medina Mora

Moderador: Rossana Lara Velázquez

En los albores de la humanidad, danza, música y ceremonia coevolucionaron. Se dice que la música es “el lenguaje de máquina del cerebro humano” y también “la forma en la que le contestamos a los dioses”.

Hasta ahora, poco se conoce de la manera en que la experiencia estética visual se combina con el disfrute musical en el espectador de danza. Semir Zeki, el descubridor del “centro cerebral del color-V4”, es también aquí el pionero.

El cerebro procesa la música en múltiples zonas de ambos hemisferios cerebrales. Bailar cantando en ceremonias grupales con movimientos rítmicos es una de las actividades más complejas de la socialización humana en busca de sentido. La reflexión sobre la experiencia del movimiento creativo ayuda a que el bailarín, y quizá también el músico, pueda desarrollar una gama más amplia de estrategias de innovación sensorimotora. El cerebro de los bailarines procesa más rápido y es más sensible a los cambios intracorporales (ínsulas), que el cerebro de los músicos.

La narratividad, ese “interpretador del hemisferio izquierdo”, es multisensorial, visual y verbal; también es musical y, por tanto, fuertemente emocional. La neuroliteratura ha avanzado mucho y comienzan a describirse redes de integración de texto, redes de imagenología espacial, redes semánticas (que cubren los dos metros cuadrados de corteza cerebral), redes que monitorean la secuencia. Alfred Hitchcock es exitoso en activar fluctuaciones emocionales similares en su audiencia y esto se refleja en una sincronización neurohemodinámica notable en los espectadores.

Sesión IV
21 de noviembre

De la enactividad a la inteligencia artificias
Charlas: Aura Arreola, Ximena Gónzalez Grandón y Alicia Sánchez

Mesa redonda: Paola Aimee, Teresa Carlos y Francisco Gómez-Mont

Moderador: José Franco

CLAUSURA Ricardo Calderón y José Franco

¿Cómo es que los movimientos carnales están organizados en múltiples neuromapas de formas espaciales? ¿De qué manera se sincroniza el cuerpo en danzas grupales? ¿Cómo se desarrolla la conectividad de las redes emocionales, las redes atencionales, las memorias o las redes imaginativas durante las olas de sincronización que vemos en el ballet?

El cerebro evolucionó para mover mejor al cuerpo. La carne en movimiento, no sólo el cerebro, es una parte fundamental de la consciencia humana. La cognición del bailarín está en todo su cuerpo, no sólo en su cerebro, por lo tanto es una cognición encarnada, pero que también interactúa con el entorno, entonces además es enactiva. El cerebro humano y el cuerpo que controla evolucionaron para saber hacer mejores movimientos, para cortejar y amar, para cazar, para huir, para jugar.

Desde esta perspectiva y apoyados en los estudios de inteligencia artificial que estudian la manera en que los niños aprenden a interactuar, a moverse dentro de su entorno, en el IIMAS-UNAM exploran el uso de tecnologías para extender el espacio corporal del artista del movimiento, así como sus canales perceptuales. Como diría Fernando Pessoa, el objetivo es “sentir todo de todas las maneras”.

Ante el mundo de grandes bancos de datos y sistemas de inteligencia artificial como las redes neurales convolucionales, recursivas y profundas, resulta intrigante lo que ya se ha logrado con base en el tipo de estudios de la neuroestética visual de Semir Zeki, que inspiraron estos avances. En un futuro, estudios similares en el campo del neuromovimiento, quizá con un fundamento en la neurodanza, serán el fundamento de la neurorrobótica.